Franklin Falconí
Quincenario Opción
Quito, 5 de junio de 2004
Lucio Gutiérrez debe irse. En eso existe unidad de criterio en las organizaciones populares y partidos políticos de izquierda. Y es un criterio sintonizado con el 95% de ecuatorianos que ya no creen en el actual gobierno, y que se sienten traicionados por el presidente Lucio Gutiérrez. Sin embargo, en algunos sectores dirigenciales existen posiciones políticas ambiguas, que defienden intereses de grupo, y que lo único que logran es ponerle límites a la lucha, o entregarla a los intereses de los partidos políticos de derecha, como el Partido Social Cristiano. Hay aspectos positivos, pero también negativos en todo lo que ha significado la preparación de estas nuevas jornadas de protesta. Creemos que es necesario registrarlos, con el único propósito de que sirvan para el análisis y debate a lo interno de las organizaciones, y que nuestros lectores puedan asistir a él de manera transparente.
Lo positivo: la decisión de continuar en el proceso unitario, con el desarrollo de la crítica entre los dirigentes; tratando de buscar los aspectos fundamentales que los unen, antes que aquellos que los diferencian. También es positiva la ratificación del Programa de Gobierno Para un nuevo Ecuador, que discutió y aprobó la Asamblea Unitaria de los Pueblos el pasado 14 de enero.
Lo negativo: la visión inmediatista de algunos sectores de la CONAIE, que creen que el levantamiento para tumbar a un gobierno debe durar unos cuantos días, y que significa la toma de los edificios del Congreso y de Carondelet, con indígenas traídos a Quito desde las provincias, los cuales no pueden mantenerse por muchos días lejos de sus tierras. Es decir, no se piensa en procesos de lucha sostenidos, en todo el país, que se mantengan incluso muchos días después de caído el gobierno, durante la instauración de un gobierno popular y todo lo que significa su defensa. Es evidente que continúa siendo insuficiente la capacidad de la izquierda de dirigir una lucha de esas características, por la falta de amplificación de su acción concientizadora y de su lucha política. Pero lo más negativa aún es la actitud oportunista de algunos dirigentes que usan el recurso de la protesta como un mecanismo de chantaje para obtener determinadas prebendas del gobierno de turno.
Luego de los rumores de golpe y contragolpe de Estado que vinieron desde la derecha y el gobierno en los últimos días de mayo, el país comenzó a escuchar distintas fórmulas de resolución de la crisis política. Principalmente tres:
- Renuncia de Gutiérrez:
- Esta ha sido una posición encabezada por la CONAIE. Mientras algunos dirigentes hicieron del anuncio del levantamiento indígena una amenaza recurrente, y por lo mismo, un búmerang desgastante y desmovilizador, otros plantearon que la salida debe estar en el orden constituído; es decir, que el Presidente renuncie y que quien lo suceda sea el Vicepresidente. Aunque dejaban abierta la posibilidad de que sea el Congreso quien escoja al nuevo mandatario, para lo cual entraban en escena los acuerdos políticos de las fuerzas al interior del Congreso. En este escenario, algunos dirigentes de Pachakutik como el concejal de Quito, César Ricaurte, incluso hablaron de que eran necesarios acuerdos con el Partido Social Cristiano y la Izquierda Democrática alrededor de los nombres para el reemplazo.
- Enjuiciamiento político y destitución de Gutiérrez en el Congreso:
- Organizaciones populares como el Partido Socialista, la FENOCIN, la CEOLS, el FUT, que junto a la gobiernista FEINE formaron el Frente de Oposición, no comparten la propuesta del levantamiento indígena popular para derrocar al gobierno, sino que proponen que el Congreso siga un juicio político al primer mandatario, por iniciativa del bloque de diputados del Partido Socialista, con lo cual, la salida vuelve al escenario de la suma de votos, en la que partidos como el PSC y la ID tendrían la voz cantante. Una salida que va a la cola de los intentos conspirativos de sectores y partidos oligárquicos, incluso tenían la propuesta de un notable para suceder a Gutiérrez, a la usanza socialcristiana: Enrique Ayala mora. La Constitución de este Frente de Oposición es ya de por sí negativa para el movimiento popular, porque divide a las bases indígenas y a un pequeño segmento de los trabajadores el FUT ha dejado de ser referente de movilización de la clase obrera desde hace ya varios años-, y envuelve a un grupo de dirigentes en la disputa por la dirección de organismos que manejan recursos importantes, como el Consejo de Desarrollo de Nacionalidades y Pueblos del Ecuador (CODENPE).
- Derrocamiento de Gutiérrez e instauración de un gobierno popular:
- Esta posición tiene que ver con asumir la responsabilidad histórica de un cambio profundo en el país, en el que la corroída institucionalidad actual sea remplazada por otra radicalmente distinta; una institucionalidad diáfana, de vocación altamente democrática y popular. En este planteamiento no se piensa bajo la lógica de las normas constitucionales creadas por los grupos poderosos del país, que se convierten en una especie de prisión para las ideas de cambio; se piensa en reconstituir el país, de a poco, haciéndolo renacer desde el seno de una instancia de dirección como la Asamblea Unitaria de los Pueblos. Es un gobierno en el que participarían los trabajadores, los pueblos indígenas y negros, las iglesias de los pobres, los militares patriotas y de vocación democrática, los defensores de los derechos humanos, los movimientos ecológicos. Para este tipo de gobierno existe el Programa de Gobierno y los suficientes dirigentes que sepan llevarlo adelante. El pensar únicamente en un sillón y en quién lo ocupará es anular la posibilidad de participación de los pueblos en la forja de su destino. Esta posición es defendida sobre todo por las organizaciones del Frente Popular y parte del movimiento indígena, principalmente de la Ecuarunari, el Movimiento Popular Democrático y las bases de Pachakutik.
Decir que no es posible lograr una victoria de este tipo, es perder la batalla antes de declararla, por lo cual hace falta observar una actitud firme y consecuente en los dirigentes, y encabezar una lucha incluso en condiciones difíciles como las amenazas de encarcelamiento y represión que ha hecho el gobierno. Ningún cambio radical en ningún país ha venido fácil, ha requerido de organizaciones sociales fortalecidas ideológica y políticamente, y de dirigentes valientes y capaces. Estas jornadas son importantes en cuanto a acumular experiencia política, son importantes para el desarrollo de la conciencia de los pueblos, pero se requiere dar saltos más grandes en los resultados de la lucha.