13 de diciembre de 2004
El planeta, como ser vivo, sufre enfermedades; tiene zonas que están bien y otras que languidecen. Unas que muestran vitalidad, y otras que están bordeando la extinción. Es difícil y complejo hacer un diagnóstico general, en especial cuando hay fuerzas con poder, dinero e influencia que insisten por todos los medios en convencernos que "avanzamos" y que "las cosas van bien". Pero es que precisamente aquellos a quienes "les vá bien", suelen disponer de los recursos y los medios como para dejar la sensación de que esa es la realidad del mundo, aunque uno, personalmente no tenga la misma percepción. Pero es que esos, más que preocuparse por el conjunto de los habitantes del planeta, se interesan en mantener su situación; son los que suelen afirmar sistemáticamente que "las cosas están bien como están".
Coincidiendo con otro cierre anual que marca el calendario, diversos organismos internacionales han publicado sus informes que abarcan distintos aspectos de la evolución de la humanidad: alimentación, trabajo, salud, bienestar, situación de la niñez y la infancia, etc. A modo de termómetros colocados en las partes vitales del mundo, recogen registros que en una consideración global permiten aproximarse a una visión más realista del conjunto y sacar algunas conclusiones.
Es importante conocer al menos algunos de esos datos, y analizarlos con realismo, ya que utilizarlos demagógicamente, desvirtuaría el objetivo de ser veraces y nos colocaría en el mismo campo de quienes manipulan a favor del inmovilismo.
La FAO, Organización de las NN.UU. para la Agricultura y la Alimentación, nos indica en su informe anual que más de cinco millones de niños mueren cada año en el mundo por el hambre y la malnutrición. Expresado de otro modo, una criatura muere cada 20 segundos en el planeta por carencias alimentarias. El estudio añade que 20 millones de bebés nacen cada año con insuficiencia de peso, que en caso de sobrevivir los condena a secuelas que condicionarán su vida.
El mismo informe nos precisa que hoy en el mundo, pasan hambre 852 millones de personas. Valora que esa población desnutrida supone un doble coste: el de paliar su hambre y no tener lo que produciría si estuviera bien alimentada. Esta observación es disculpable, si se tiene en cuenta que los técnicos de la FAO intentan convencer a los países "ricos" de que invertir en frenar el hambre, beneficiaría a la economía mundial. Y abunda en datos: el coste directo de paliar el hambre es de 30.000 millones de dólares/ año y el coste indirecto de la población desnutrida que no puede producir bienes oscila entre 500 mil millones y un billón ( un millón de millones). Simplificando este incalculable derroche de ceros, el subdirector general de la FAO, Hartwig de Haen concreta: "cada dólar invertido en prevenir el hambre, conduce a beneficios de entre cinco y veinte veces ese valor".
El organismo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, nos advierte que hay tres causas que siguen siendo flagelos que castigan a los niños en el mundo entero: pobreza, expansión del SIDA y las guerras.
Y proporciona cifras que indican que la mitad de los menores de 18 años que viven en países en desarrollo sufren "graves privaciones y carecen de bienes y servicios básicos; que uno de cada seis padece hambre; uno de cada siete no recibe ningún tipo de atención sanitaria y uno de cada cinco no dispone de agua potable.
Otro aspecto a tener en cuenta en el diagnóstico del planeta al finalizar el 2004, es el de la Cooperación Internacional, las distintas formas por las cuales los países -en especial los "desarollados" - ayudan a los empobrecidos. En su informe "Pagar el Precio", Oxfam Internacional demuestra que ninguna de las metas fijadas por las NN.UU. para el 2015 en materia de hambre, pobreza, y educación serán alcanzadas.
Sólo cinco de los veintidós países donantes que se comprometieron a destinar el 0,7% de su Producto Bruto Interno para ayuda al desarrollo, cumplieron su palabra.
Y además, entre ellos no se encuentra ninguno de los países más "enriquecidos", los que conforman el llamado G-8. Algunos de ellos han reducido esa ayuda a porcentajes irrisorios, como el caso del gobierno de los Estados Unidos: un 0,14% del PIB, que significa una cifra diez veces menor que el dinero que lleva gastado en la invasión y ocupación militar de Irak.
El Premio Nobel de Economía 2001 y ex vicepresidente del Banco Mundial, Jospeh Stiligtz, afirmó: "la creciente división entre los poseedores y los desposeídos ha dejado a una masa creciente en el Tercer Mundo, sumida en la más abyecta pobreza, teniendo que vivir con menos de un dólar por día. A pesar de los repetidos compromisos sobre la mitigación de la pobreza, en la última década del siglo XX, el número de pobres ha aumentado en casi 100 millones. Esto ha sucedido al mismo tiempo que la renta mundial total aumentaba un promedio de un 2.5 por ciento anual." Y añadió: "la globalización no ha conseguido reducir la pobreza ni garantizar la estabilidad. La crisis amenaza la economía y la estabilidad de todos los países subdesarrollados".
El informe de UNICEF titulado "La infancia amenazada" precisa que la pobreza afecta al 56 % de los menores de América Latina y el Caribe. Las estimaciones son de que en esta región hay 110 millones de menores viviendo bajo la línea de pobreza. Particularmente castigadas son las minorías indígenas, campesinas y en especial, la de afrodescendientes.
UNICEF analiza la situación de los niños en función de las privaciones en materia de vivienda, nutrición, saneamiento, acceso a agua potable, salud y educación y añade que en las zonas rurales de América Latina y el Caribe, más de un 40 por ciento de los menores se ve privado de al menos dos de esos derechos. El avance del SIDA es otro factor preocupante, estimándose que dos millones de personas poseen el virus, y que durante el año próximo, la enfermedad dejará 27.000 niños huérfanos en Honduras, y unos 48.000 en Guatemala.
Pobreza, SIDA y guerras, los tres flagelos que señala UNICEF, interactúan y se complementan en sus efectos letales. Y los tres tienen un origen común: las injusticias. Aunque a veces las estadísticas convierten a las personas en números y a los resultados en una especie de "balance", es importante recordar que esto no es producto de la "fatalidad", sino que es la consecuencia de políticas económicas y sociales, por la injusta distribución de bienes y riquezas producidas, por la corrupción y las desigualdades creadas y mantenidas desde el poder.
El informe de la FAO, indica que aunque "América Latina es la región que ha reducido en mayores términos la desnutrición", presenta al mismo tiempo los mayores desniveles en el avance hacia las metas para reducir la pobreza. Gustavo Gordillo, representante de la FAO para A.Latina y el Caribe dijo que eso es producto de los altos índices de inequidad social que se registran. "En la desigualdad está el mayor problema de América Latina para reducir el problema del hambre", añadió.
El informe de la FAO divide la subnutrición en cinco niveles, donde el uno es otorgado a los países menos afectados y cinco a los que tienen un mayor número de hambrientos. Argentina es el único país del área que tiene nivel uno, mientras que Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador y Uruguay tienen nivel dos.
En el nivel tres se encuentran Brasil, Colombia, Perú, El Salvador, Paraguay, Venezuela, Guyana, Trinidad y Tobaago (en el mundo ese mismo nivel lo comparten países como China en Asia o Nigeria, Argelia o Uganda en Africa).
Haití es el único país que tiene el nivel cinco en la región.
Sólo seis países lograron reducir su porcentaje de víctimas del hambre en más de un 25% en la última década. Ellos son Chile, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Perú y Uruguay. De ellos, Cuba y Chile son los países de América Latina y el Caribe que han registrado mayores avances en la lucha contra el hambre, según el informe de la FAO. El gobierno cubano logró disminuír a la mitad el número de subnutridos en la isla. Pasó de 800 mil personas en 1990-92 a 400 mil en el 2000-02. Chile también logró avances significativos en el mismo período.
Recordemos también, en el caso de América Latina, que el informe de la reciente Cumbre del Clima realizada en Buenos Aires, indica que esta región donde se localizan varios de los países con mayor disponibilidad de agua dulce y biodiversidad del planeta, presenta muy alta vulnerabilidad ante el cambio climático. La tala indiscriminada de árboles por la voracidad e impunidad de grandes empresas transnacionales, es una de las causas principales de los desastres climáticos que se han producido en las últimas décadas. Esas catástrofes han provocado pérdida de vidas, de viviendas, de cosechas, de infraestructuras y han inutilizado grandes extensiones de tierra para el cultivo. En la Amazonia brasileña el ritmo de las talas creció en un 32 por ciento en los últimos diez años, llegando a 18.000 kms cuadrados por año. El informe también señaló la responsabilidad de los gobiernos: indica que la vulnerabilidad aumenta debido a la pobreza, a la degradación de los recursos naturales, a la carencia de planificación en el uso del suelo.
El informe anual sobre empleo publicado por la O.I.T (Organización Internacional del Trabajo), indica que prácticamente la mitad de los trabajadores del mundo, aproximadamente 1.390 millones de personas siguen siendo "incapaces de superar para sí mismos y para sus familias el umbral de pobreza fijado en dos dólares diarios." Añade que 550 millones de empleados, lo que supone el 20% de los trabajadores en el mundo sólo ganan un dólar o menos diario. Además, el informe estima que hay 186 millones de parados, o sea más del 6% de la población activa mundial.
En "Tendencias mundiales del Empleo Juvenil 2004", el mismo organismo nos precisa que un 47 % de los que no tienen trabajo, esto es 88 millones, son jóvenes que tienen entre 15 y 25 años de edad. En América Latina, la tasa de desempleo juvenil es del 16,6%. El Director General de la OIT, Juan Somavia dice: "estamos desperdiciando una parte importante de la energía y el talento de la generación de jóvenes más educada que hemos tenido." Y desde el punto de vista social, estamos condenando a millones jóvenes a un futuro sin horizonte.
Estos informes forman parte de una catarata de estudios que desnudan las dimensiones sociales de la globalización. Y con el uso del término no me refiero a la interdependencia de naciones creada por los formidables avances tecnológicos, que en muchos aspectos es irreversible. Me refiero a la orientación que tiene el conjunto de políticas impuesto por los poderes económicos y políticos dominantes en el mundo.
Próximos al final del año, estos informes nos permiten sacar algunas conclusiones.
Si bien como dice Jean Ziegler, responsable del Derecho a la Alimentación de las Naciones Unidas, en el estado actual de las fuerzas de producción agrícola el planeta podría alimentar a doce mil millones de seres humanos, lo cierto es que hoy no consigue hacerlo con la mitad de ellos, su población actual. Por tanto, no estamos ante un problema de incapacidad, sino ante el resultado de las políticas que dictan los países desarrollados y los grandes poderes económicos.
Los informes también dejan en simple declaración de intenciones los Derechos Económicos, Sociales y Culturales proclamados solemnemente por la Conferencia Mundial de las NN.UU. celebrada en Viena en 1993. Estos nuevos derechos incluían algo que parece tan elemental como el derecho a la alimentación. Derecho del que siguen careciendo cientos de millones de personas en el mundo.
Los aumentos de productividad en áreas industriales o manufactureras y la reducción de costes por tecnificación o reducción de salarios, han generado riqueza. Pero esa riqueza no se ha traducido en mejoras en las condiciones de gran parte de la humanidad, sino en espectaculares ganancias de corporaciones o grupos muy reducidos. La "teoría del derrame", que entre otros grandes embaucadores latinoamericanos contemporáneos, desarrolló el ex presidente argentino Carlos Menem, queda al desnudo. El resultado es que unos pocos aumentan sus beneficios a costa de extender la pobreza y la miseria de gran parte de la población. Y lo que es más grave, los efectos perdurables de la pérdida de recursos y bienes enajenados en operaciones irresponsables y corruptas, más la destrucción del aparato productivo.
Las frases grandilocuentes con las que los jefes de estado cierran sus intervenciones en las innumerables Cumbres, no se corresponden con lo que hacen en su función de gobierno. Por este camino es imposible que puedan alcanzarse los objetivos adoptados hace cuatro años en la Cumbre del Milenio con la pretensión de reducir a la mitad la pobreza y la miseria en el planeta para el año 2015. En aquella reunión se fijaron los recursos económicos necesarios para esa propuesta: 50.000 millones de dólares. Poco se hizo desde entonces.
El 20 de setiembre pasado, se reunieron en una nueva Cumbre contra el Hambre representantes de Brasil, España, Chile y Francia. Sugirieron entonces una serie de medidas para obtener esos fondos, pero esas medidas requieren un apoyo mayoritario de países, en especial de los más desarrollados.
Pero lo cierto es que aún en el caso de llevarse a cabo, esas pequeñas medidas correctoras no podrían cambiar el rumbo de la pobreza mientras no se produzcan cambios profundos en los mecanismos del comercio internacional. Mientras por ejemplo - la Bolsa de Materias Primas Agrícolas de Chicago siga fijando en cada día laborable y a nivel mundial, los precios de los principales alimentos. Esta bolsa está dominada por seis sociedades transnacionales de agroalimentación y finanzas y los precios que se elaboran diariamente son por lo general, fruto de especulaciones.
La mayoría de los países empobrecidos dependen en gran medida de su propia producción agraria. La manipulación de los precios en esos centros internacionales no solo les provoca la ruina económica, sino que destruye la fuente de trabajo de gran parte de su población, con el efecto colateral de destruír también sus formas de vida tradicionales. Ejemplo de ello es el café, uno de los cultivos fundamentales en Nicargua y otros países centroamericanos del cual dependen millones de familias. Aunque en el año 2001 consiguieron en conjunto aumentar la producción y vender casi el 20 % más de café que en el año 1998, obtuvieron un 45 % menos de ingresos.
Tampoco hay intención de reducir el apoyo económico que los países desarrollados otorgan a sus productores rurales: una cifra estimada en 1.000 millones de dólares diarios en subsidios para sus agricultores. Ni está a la vista la posibilidad de que reduzcan los aranceles que gravan las importaciones que proceden de los países subdesarrollados, cuatro veces mas altos como media, que los que se aplican a las importaciones de países industrializados. Estas condiciones tornan imposible la competencia de los campesinos del sur y los condena a la pobreza.
Estos informes de importantes organizaciones internacionales dependientes de las Naciones Unidas de los que hemos tomado datos a modo de "radiografías" del estado de la humanidad, fueron presentados en diversas capitales del mundo. En uno de ellos, celebrado en Barcelona, la vicerrectora de la Universidad Ramón Llull, Rosa Nomen, afirmó que "la peor amenaza del mundo no es el terrorismo, sino la pobreza, y la peor arma de destrucción masiva, es el hambre".
Una descripción que completa el diagnóstico que surge de los informes: vamos mal, pero si no hay cambios profundos, podemos ir peor.
[fuentes consultadas]
UNICEF; FAO; OIT; J. Stiglitz. ; "El Malestar en la Globalización", Taurus. Madrid 2002; Federico Montalbán López /Revista "Noticias Obreras" de la HOAC; Ziegler J. Entrevista en "El País" / y archivos propios.
[+info]
http://www.serpal.info