Quito, 15 de diciembre de 2004
Dime con quién anda y te diré quién gobierna. Responder esta incógnita aclara con precisión los vaivenes de la gestión presidencial del coronel Lucio Gutiérrez. Este fulano, reconocido por su doblez y por sus capacidades miméticas, irrespetando lo que exige la coherencia de una gestión pública comprometida con el interés colectivo, como el camaleón, no ha dejado de cambiar de color según la ocasión. El resultado de tanto vaivén, sin que el coronel deje de estar al servicio de grandes grupos de presión, ahonda el debilitamiento de la frágil institucionalidad democrática.
Cabalgando una nueva mayoría parlamentaria, este antiguo coronel de caballería ha alterado -atropellando la Constitución y las leyes- la composición de la Corte Suprema de Justicia, del Tribunal Supremo Electoral y del Tribunal Constitucional. Para lograrlo el coronel ha desplegado un discurso en contra de la oligarquía aglutinada alrededor de su antiguo aliado el ex presidente, León Febres Cordero (quien monitoreaba esos organismos), mientras pacta con otros grupos también oligárquicos vinculados a Álvaro Noboa, el ricacho empeñado en comprarse a como dé lugar la Presidencia de la República; a Abdalá Bucaram, el ex presidente prófugo de la justicia en Panamá; así como a unos cuantos banqueros corruptos refugiados fuera del país. Esta compactación la viabilizan numérica y prácticamente ciertos personajes de la izquierda: militantes de la lista 15 y la lista 17, con algunos renegados del Pachakutik.
Sin caer en la posición simplista de defender las instituciones por sobre su contenido democratizador, hay que reconocer que el demérito no es exclusivo del coronel. Las instituciones en el Ecuador sufren desde hace rato un proceso de deterioro sustantivo. Sin perdernos mucho en la historia, la destitución de Bucaram e incluso la de Jamil Mahuad -entendibles por la indignación social- estremecieron la estructura democrática. El salvamento bancario, que trasladó el peso de la crisis al conjunto de la sociedad para proteger a la banca corrupta, representa otro irrespeto institucional. La misma dolarización, contraria a la Constitución, es otra manifestación de un atropello sostenido e incluso tolerado por poderosos sectores de la sociedad, sobre todo por aquellos personajes que se llenan la boca reclamando la falta de seguridad jurídica... para los inversionistas extranjeros. Seamos francos, el irrespeto a las instituciones y el abuso del poder han estado a la orden del día.
En este contexto, el coronel, en tanto político todoterreno, que avanza o retrocede, sube o baja, mientras pone direccionales a la izquierda para seguir curvando a la derecha, es funcional al mandato de Washington y del FMI. Su Gobierno -mucho más que los precedentes- ha asumido con entusiasmo un papel de compromiso activo en la lógica bélica del Plan Colombia y en el cumplimiento de las políticas fondomonetaristas a favor de los acreedores de la deuda externa y de la gran banca. Y se dispone a suscribir, a como dé lugar, el Tratado de Libre Comercio con los EEUU, que debilitará aún más la soberanía nacional. Todo esto aumentará la fragilidad institucional y, como se ha visto, provocará una mayor "lumpenización" de la política.
[fuente]
http://www.hoy.com.ec/NoticiaNue.asp?row_id=193174