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Necedad por el TLC

Leonardo Vicuña Izquierdo

Guayaquil, 13 de abril de 2006

Es una necedad no querer ver que el TLC para EE.UU. no es tanto un instrumento de política comercial – arancelaria, sino parte importante de su control geo-político y militar en la región, así como un plan económico que irrumpe en los ámbitos de inversiones, propiedad intelectual, negocios del Estado, etc.

Es también una ingenuidad vincular la ATPDEA (Tratamiento Preferencial Arancelario Andino) como una política de buena voluntad de EE.UU., divorciada del mismo control y asociada al TLC. Ese país puede mantener a un dicho programa con o sin TLC; todo depende de que Ecuador se inscriba en la línea de intereses "antinarcóticos" y "antiterroristas", es decir, si apoyamos o no el Plan Colombia, vinculado directamente al conflicto político interno de ese país.

Lo triste es constatar que EE.UU. puede quitarle al Ecuador los tratos arancelarios preferenciales cuando le de la gana y Ecuador no le puede discutir su presencia militar en la Base de Manta. ¡Entreguismo puro!

Ahora están los "negociadores" y dirigentes gremiales desesperados porque EE.UU. ha congelado las negociaciones para el cierre del TLC. Entonces sube el "riesgo país"; la desesperación es mayor cuando el desacreditado Presidente peruano Toledo, un entreguista de la peor especie, ha firmado el acuerdo (TLC), sin importarle si el Congreso lo ratificará o no y si el nuevo gobierno, que representará a la mayoría de la población esté o no de acuerdo.

Los negociadores norteamericanos tienen la orden de congelamiento del proceso si Ecuador persiste en litigar con la OXI y en las reformas a la Ley de Hidrocarburos, que posibilitan al Estado compartir los beneficios de excedente del precio del petróleo con las compañías transnacionales, que las objetan, en verdadera conducta de rapiña, que ha contado y cuenta con la complicidad de gobiernos, ministros y altos funcionarios del ámbito petrolero que jamás sospecharon (¿?) de la posibilidad cierta de aumento de los precios en el mercado internacional. Tal evidente y sospechosa conducta deberá ser aclarada y sancionada, pues no es simple negociación, sino un verdadero acto de corrupta omisión, que ha perjudicado al Estado y pueblo ecuatoriano que apenas reciben el 20% de los ingresos.

Esta postura norteamericana, los tienen enfermos. Cínica y abiertamente defienden a la OXI y se oponen a las reformas. Hasta el Ministro de Economía, gestor del proyecto, que aplaudimos, se aprestan a "explicar" los alcances de las mismas en Washington, a los magnates petroleros, directivos y burócratas del FMI y Banco Mundial. Es decir, ingenuamente busca explicar de la expoliación a los expoliadores.

El país debe pararse firme y oponerse a este nuevo momento de irrespeto de EE.UU. a nuestra decisión soberana de reformar las leyes; asimismo, exigir que sea el nuevo gobierno quien decida sobre el TLC, en base a la voluntad popular, que debe expresarse en consulta democrática.

El TLC no puede ir con estos condicionamientos y exigencias. Imagínense que el gobierno decida suscribirlo y perdonar a la OXI y ceder a las reformas legales, simplemente provocará nuevas protestas, un ambiente de convulsión y ¿quién sabe? Un nuevo momento de inestabilidad política y hasta de cambio de gobierno; lo que sería grave, en pleno proceso electoral para elegir presidente, cuando el pueblo anhela nuevos rumbos para lograr su bienestar.

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