Quito, 1 de septiembre de 2007
En plena campaña electoral para la elección de asambleístas, en los periódicos vemos las múltiples caras de los que participan. Los componentes de lo ecuatoriano en las pieles y cabellos de colores, los nombres y apellidos, las cabezas y sonrisas, hablan de la integración que buscamos en una comunidad de gente de diversas esferas y culturas. Como cuando se recorre un mercado, una carretera, una plaza, ahí están las y los optimistas, lúcidos o agresivos, fantasiosos o delirantes. En muchos de estos rostros, que se dibujan amables, no pueden adivinarse los vicios o virtudes de la práctica política. Pero hay nombres con antecedentes que activan al menos la memoria inmediata. Hay candidatos célebres por sus escándalos. Hay partidos desgastados que representan enormes y excluyentes intereses económicos. Hay rostros que representan viejos y dolorosos sacrificios. Hay movimientos surgidos de grandes movilizaciones y desconocidos que buscan servir fuera del anonimato. Vemos a activistas homosexuales en ejercicio de su derecho a participar en la vida política.
Entonces oímos postulados. Con una parte de la publicidad pensamos en el parlamento de magas y brujos que se reuniría en Montecristi para bajar los precios, terminar con la delincuencia y dar préstamos y empleo. Allá, a la Asamblea de los Engaños, irían los otrora influyentes transformers, que ahora anuncian que se convertirán en armas mortales contra el tráfico de influencias. ¿Alguien puede creer que quienes han controlado la justicia ecuatoriana ahora quieran plegar a la despolitización del sistema judicial? Tal vez es que también han cambiado viendo la pobreza, la emigración, el chulco pirata. Pero de la campaña manipuladora y la publicidad de la distorsión, los que podrían desconcertarnos son los que proclaman que están a favor de la vida. ¿A favor de la vida? Este es un momento para argumentar y discutir bajo qué luces queremos que se tracen las leyes que nos ampararán. ¿A favor de la vida? ¿En el Yasuní? A favor de la vida. ¿De quiénes? ¿De qué? Así en abstracto, fuera de lo real, es muy fácil proclamar posiciones. Pensemos en la vida o muerte de quienes han sido linchados y asesinados. En las ejecuciones. En los desaparecidos.
Pensemos en la exhalación de los ríos, ahora contaminados por el cianuro que dejan escapar algunos procesos de minería. O en la vida del añorado bosque: sus habitantes no contactados, sus árboles color de monos, sus colibríes con zamarros. Por qué no nos referimos directamente a la vida de las mujeres. La vida o muerte de las niñas y adolescentes que luego de una violación se sometieron a un aborto clandestino o tomaron diablillos. Aquí, donde no permitimos que termine la agonía de enfermos terminales que piden clemencia frente al dolor, bien podríamos estar a favor de la vida real. Considerar lo que se sufre a diario en el Ecuador Concreto para trazar un país más ecuánime y honesto, más abierto, tal vez más generoso. A partir de ahí ¿podemos creer que es en tolerancia que se ejerce un derecho? Si a los GLBT les asisten los mismos derechos que a todos los ecuatorianos, a la sociedad no le correspondería tolerar esos derechos si no respetarlos. Vivir en el derecho de todos.
En contraste con estas ambigüedades es notable cómo se proclama la vida del dólar: puede participar sin estar inscrito, puede comprar un espacio directamente relacionado a las elecciones sin declarar quiénes son sus tesoreros de campaña.
[fuente]
http://www.hoy.com.ec/NoticiaNue.asp?row_id=276201
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